María Marly Vargas Monroy: la mujer que convirtió la adversidad en empresa
“Me tocó ser mamá y papá”
Cuando se habla de Impocoser y de su crecimiento dentro de la industria de maquinaria para confección en Colombia, es común escuchar el nombre de Higor Rojas, su gerente. Sin embargo, detrás de esa historia empresarial existe una protagonista silenciosa cuya determinación fue decisiva para que el proyecto llegara a convertirse en realidad.
Su nombre es Maria Marly .
Su historia no comenzó en oficinas modernas ni en grandes importaciones internacionales. Comenzó en una casa de Teusaquillo, Bogotá, donde una familia trabajaba diariamente para sobrevivir comprando, reparando y vendiendo máquinas de segunda mano.
“Vendíamos máquinas usadas, televisores usados y cualquier cosa que nos permitiera sostenernos. Todo era trabajo y esfuerzo”, recuerda.
En aquella época trabajaba junto a su esposo y contaban con varios empleados. Sin embargo, el rumbo de la familia cambió abruptamente cuando él falleció.
“Mi hijo Higor tenía apenas 12 años cuando murió su papá. Ahí me tocó asumir sola la responsabilidad de todo. Me tocó ser mamá y papá.”
Con cuatro hijos y un negocio que dependía de su liderazgo, Marly tuvo que tomar decisiones rápidas. Redujo la operación, reorganizó los gastos y continuó trabajando desde casa para garantizar la estabilidad familiar.
“De seis empleados dejamos tres. Había que seguir adelante como fuera.”
Lo logró.
Con sacrificio y disciplina sacó adelante a sus hijos, quienes lograron culminar sus estudios profesionales.
“Mi hija estudió Diseño de Modas y mi hijo Ingeniería de Sistemas. Sacarlos adelante fue mi prioridad.”
La decisión que cambió el rumbo de Higor
Aunque siempre soñó con que Igor estudiara Medicina, él tenía otros planes.
“Me dijo que quería estudiar Administración de Empresas.”
La respuesta de Marly fue directa.
“Le dije: estudie lo que quiera, pero no se vaya a equivocar, porque yo apenas podía pagar un semestre y no estábamos para perder dinero.”
La situación económica obligaba a optimizar cada recurso. Cuando notó que las tardes libres estaban alejando a Higor de las responsabilidades del negocio, tomó una decisión poco convencional.
Solicitó una reunión con el rector de la universidad.
“Le expliqué que yo era mamá y papá al mismo tiempo y que necesitaba que mi hijo trabajara durante el día y estudiara en la noche.”
Después de escuchar su historia, el rector autorizó el cambio de jornada.
Ese momento marcó un antes y un después.
“Fue un cambio enorme para él. Empezó a asumir responsabilidades y a ver el negocio desde otra perspectiva.”
Sobrevivir también era parte del negocio
La familia no solamente enfrentó dificultades económicas.
Mientras operaban desde el garaje de una gran casa en Teusaquillo, sufrieron un violento atraco.
“Nos amarraron a todos y nos encerraron mientras se llevaban las máquinas.”
La situación fue especialmente traumática porque una de sus hijas llegó justo cuando los delincuentes estaban dentro de la vivienda.
“Ella vio sangre en el garaje y pensó que nos habían matado.”
Aunque lograron sobrevivir, las pérdidas fueron importantes.
“Nos quitaron prácticamente todo.”
Sin embargo, abandonar nunca fue una opción.
El origen real del negocio
Antes de convertirse en importadores, la familia había intentado abrir un taller de confección.
Compraron máquinas usadas y estudiaron la posibilidad de fabricar prendas para el mercado nacional.
Sin embargo, una observación cambió el rumbo del proyecto.
“Nos dimos cuenta de que vendiendo las máquinas podíamos ganar más dinero que confeccionando.”
Aquella conclusión dio origen al modelo de negocio que años después se convertiría en Impocoser.
“Comprábamos máquinas, las arreglábamos, las pintábamos y las vendíamos.”
La búsqueda era casi artesanal.
“Mirábamos los clasificados del periódico y madrugábamos a visitar a los vendedores.”
Incluso desarrollaron criterios propios para identificar mejores oportunidades.
“Nos gustaba comprar más hacia el norte de la ciudad porque las máquinas generalmente estaban en mejor estado.”
Lo que parecía un pequeño comercio familiar estaba formando las bases de un conocimiento profundo sobre el mercado de maquinaria para confección.
El primer gran salto: Miami
Cuando Higor tenía entre 16 y 17 años, madre e hijo decidieron dar un paso que transformaría el negocio.
Reunieron sus ahorros y viajaron a Miami.
“Fuimos con los dólares que habíamos logrado reunir y compramos nuestras primeras máquinas para importar.”
La operación representaba una apuesta enorme para una familia que había construido cada peso con esfuerzo.
Adquirieron entre ocho y diez máquinas industriales y enfrentaron una decisión importante: importar legalmente o recurrir a mecanismos informales.
“Nos ofrecieron alternativas más fáciles, pero yo le dije a mi hijo que no. Si íbamos a hacerlo, sería legal.”
La mercancía llegó a Colombia y, como suele ocurrir con muchos emprendedores, pagaron el precio de la inexperiencia.
“Nos cobraron valores que no correspondían en la nacionalización porque no conocíamos el proceso.”
Fue una lección costosa, pero valiosa.
“Pagamos la novatada.”
China: el comienzo de una visión global
Después de aquella primera experiencia internacional, Igor quiso ir más lejos.
Literalmente.
“Mamá, quiero irme para China.”
Tenía apenas 18 años.
Marly decidió apoyarlo.
Preparó su equipaje, le envió algunos recuerdos colombianos y lo acompañó en la aventura.
Pero el viaje comenzó con un contratiempo inesperado.
“La maleta se perdió en Nueva York.”
Higor llegó a China prácticamente con la ropa que llevaba puesta.
“Le tocó comprar ropa allá y administrar muy bien el dinero que llevaba.”
La anécdota hoy provoca sonrisas, pero entonces representó otra prueba más para un joven empresario que empezaba a explorar el mercado internacional.
Ese viaje ampliaría definitivamente su visión.
“Comenzó a entender los negocios de otra manera.”
Los sueños escritos que se hicieron realidad
Mientras el negocio crecía, Marly participó en un retiro personal donde le pidieron escribir sus metas.
“Escribí que quería tener un local propio para vender máquinas, que quería tener vivienda y construir patrimonio.”
Aquellas metas dejaron de ser simples deseos.
Con disciplina financiera logró comprar la casa donde vivían y posteriormente adquirir otra propiedad contigua.
“Todo fue producto del ahorro.”
Pero incluso en esa etapa siguieron apareciendo obstáculos.
En una ocasión retiró 13 millones de pesos destinados a una negociación inmobiliaria.
“Me robaron toda la plata.”
La pérdida fue devastadora.
“Lo que más me dolía era que la gente pensara que estaba incumpliendo.”
Para Marly, la palabra siempre tuvo valor.
“Si yo entregaba un cheque era porque el dinero estaba en el banco.”
El legado detrás de Impocoser

Hoy, cuando observa el crecimiento de la empresa y la consolidación de Higor como empresario, María Marly entiende que cada sacrificio tuvo sentido.
Su historia demuestra que detrás de muchas compañías exitosas existen personas que nunca aparecen en los organigramas, pero que fueron fundamentales para construir los cimientos.
En el caso de Impocoser, esos cimientos fueron levantados por una mujer que enfrentó la viudez, la incertidumbre económica, los robos, las deudas y las dificultades propias de emprender en Colombia.
Una mujer que decidió no rendirse.
“Yo me considero una mujer berraca.”
Quizás esa sea la mejor definición de la historia de María Marly Vargas : una mujer que convirtió la necesidad en oportunidad, el trabajo en patrimonio y la adversidad en el punto de partida de un legado empresarial que hoy continúa creciendo.
Más que una historia empresarial
Hoy, cuando observa el crecimiento de Impocoser y la consolidación de Higor Rojas como empresario, María Marly Vargas entiende que cada sacrificio tuvo un propósito.
Su historia demuestra que detrás de muchas compañías exitosas existen personas que rara vez aparecen en los organigramas, pero que fueron fundamentales para construir sus cimientos.
En el caso de Impocoser, esos cimientos fueron levantados por una mujer que enfrentó la viudez, la incertidumbre económica, los robos, las deudas y los desafíos propios de emprender en Colombia.
Una mujer que nunca aceptó la derrota como alternativa.
“Yo me considero una mujer berraca”, afirma con la tranquilidad de quien no necesita demostrar nada, porque su historia habla por ella.
Y quizás esa sea la mejor definición de María Marly : una mujer que convirtió la necesidad en oportunidad, el trabajo en patrimonio y la adversidad en el punto de partida de un legado empresarial que continúa creciendo.
Sin embargo, esta historia aún tiene capítulos por contar.
La llegada de China, las decisiones que transformaron el negocio familiar en una empresa con visión internacional, los riesgos asumidos para crecer y el papel que desempeñó Higor Rojas en la consolidación de Impocoser forman parte de una segunda etapa que terminaría definiendo el futuro de la compañía.
Porque detrás de cada empresa sólida existe un momento en el que el esfuerzo deja de ser supervivencia para convertirse en visión.
Y para la familia Rojas Vargas , ese momento estaba por llegar.
Continuará…
Los Cimientos de Impocoser | Capítulo 2: De negocio familiar a visión global




