El aumento del salario mínimo en Colombia para 2026 no es un dato más en la agenda económica. Para la industria textil, de confección y moda —una de las más intensivas en mano de obra del país— este ajuste marca un punto de inflexión: redefine costos, modelos de negocio y decisiones estratégicas que impactarán directamente la competitividad del sector.
Más allá del debate político, la pregunta clave es otra:
¿está preparada la industria para absorber este nuevo escenario sin sacrificar empleo, formalidad y competitividad?
Un aumento que trasciende el salario
El salario mínimo para 2026 llega con uno de los incrementos más altos de los últimos años. En la práctica, esto no solo eleva el ingreso del trabajador, sino que incrementa de forma estructural el costo real de contratación para las empresas, al sumar prestaciones sociales, seguridad social y parafiscales.
En sectores con márgenes estrechos —como confección, maquila y producción textil— el impacto no es gradual: es inmediato.
Textil y confección: cuando el costo laboral define la viabilidad
La industria textil y de confección colombiana se sostiene, en gran medida, sobre micro, pequeñas y medianas empresas, talleres especializados y cadenas productivas fragmentadas. En este ecosistema, el costo laboral representa uno de los componentes más sensibles de la estructura financiera.
El aumento del salario mínimo genera cuatro efectos claros:
1. Presión directa sobre los costos de producción
Muchas empresas deberán elegir entre absorber el incremento —reduciendo su rentabilidad— o trasladarlo al precio final de las prendas, en un mercado altamente competitivo y sensible al precio.
2. Riesgo real para el empleo formal
Cuando los costos suben más rápido que la productividad, el empleo formal se convierte en una carga difícil de sostener. El riesgo no es teórico: menos contrataciones, reducción de personal o migración hacia esquemas informales.
3. Menor competitividad frente a importaciones
Mientras Colombia incrementa sus costos laborales, mercados competidores mantienen estructuras más livianas. El resultado es una brecha creciente frente a prendas importadas, especialmente en segmentos básicos y de alto volumen.
4. Ajustes forzados en el modelo de negocio
Automatización, reducción de colecciones, tercerización o menor capacidad productiva no son decisiones estratégicas ideales, sino respuestas defensivas ante un entorno más costoso.
Moda local: impacto desigual, presión generalizada
El efecto del salario mínimo no es homogéneo dentro del sector moda:
- Grandes marcas cuentan con mayor músculo financiero para absorber costos, optimizar procesos o ajustar precios.
- Diseñadores independientes y talleres enfrentan el mayor riesgo: menor capacidad de negociación, clientes sensibles al precio y márgenes limitados.
- Empresas exportadoras ven comprometida su competitividad frente a países con menores costos laborales.
En todos los casos, el mensaje es claro: la eficiencia deja de ser una ventaja y se convierte en una condición de supervivencia.
¿Más salario, más consumo? Una ecuación incompleta
El argumento de mayor ingreso y mayor consumo interno es válido, pero no automático. El beneficio solo se materializa si:
- las empresas no desaparecen,
- el empleo formal se mantiene,
- los precios no crecen por encima del poder adquisitivo.
De lo contrario, el aumento salarial corre el riesgo de beneficiar a unos pocos mientras debilita la estructura productiva que genera empleo.
El verdadero reto: productividad, no solo salario
La industria textil y de moda en Colombia enfrenta una verdad incómoda:
el debate no puede quedarse en el salario mínimo, sino en cómo elevar productividad, tecnificación y valor agregado.
Sin inversión en procesos, capacitación, innovación y eficiencia, los aumentos salariales se convierten en una carga insostenible, no en una palanca de desarrollo.
Conclusión: una decisión que obliga a evolucionar
El salario mínimo 2026 es un llamado de atención para la industria textil y de confección. No se trata de estar a favor o en contra, sino de entender que el sector entra en una nueva etapa donde:
- la improvisación deja de ser opción,
- la informalidad es un riesgo latente,
- la productividad se vuelve estratégica,
- y la competitividad define quién permanece y quién sale del mercado.
La industria que sobreviva no será la más grande, sino la más eficiente, adaptativa y consciente de su estructura de costos.



