Contrabando digital cierra talleres en Itagüí y San Victorino

Mientras el Gobierno recauda, los talleres cierran

Por MundoTextil  ·  20 de marzo de 2026

El miércoles pasado, los locales de San Victorino amanecieron con carteles pegados en las vitrinas. No eran ofertas. Eran una súplica disfrazada de campaña: precios comparativos entre lo que vende un tendero bogotano y lo que llega en bolsa de burbujas desde Guangzhou. El que compra en Temu paga menos. El que confecciona en Itagüí, cierra.

Eso es lo que está pasando. Y ya no es una tendencia. Es una hemorragia.

El número que nadie quiere ver

No son paquetes de turistas. No son muestras comerciales. Es una operación industrial de abastecimiento que entró por la puerta de atrás del sistema aduanero colombiano durante años, sin pagar lo que paga cualquier empresario que produce aquí.

Y con ese descuento estructural, no hay confeccionista colombiano que pueda competir. Ninguno. Ni el más eficiente, ni el más tecnificado, ni el que lleva treinta años en el oficio.

Lo que se cierra no es un local. Es una vida.

En San Victorino el 53% de los comerciantes son mujeres. El 51% de los talleres satélite produce líneas infantiles, jeans, chaquetas y blusas, empleando principalmente a madres cabeza de familia. Cuando cae un taller en Itagüí, no cae una línea contable, Cae el arriendo de una familia, Cae la matrícula de un hijol, Cae el pedido de tela que no va a llegar a la textilera, que tampoco va a necesitar al transportador, que tampoco va a necesitar al estampador.

Criado lo dice sin rodeos: el golpe afecta a confeccionistas, textileros, hilanderos, estampadores, transportadores, diseñadores y estudiantes. Son 633.000 empleos directos bajo fuego. Una cadena que se rompe en silencio, local por local, turno por turno, familia por familia.

Los carteles del miércoles son la versión visible de ese silencio.

El IVA del 50 dólares: recaudo, no rescate

Desde enero de 2026 el Gobierno bajó el umbral: las compras que superen los USD $50 deben pagar IVA del 19%. La industria lo recibió con un aplauso tibio, porque conoce la letra pequeña.

«Esta medida no nació para proteger al confeccionista. Nació para recaudar. El Ministerio de Hacienda proyecta cerca de $406.000 millones de pesos en 2026. Plata para el fisco. No para el taller.»

Lo que pide el sector es simple: juego limpio

«No estamos pidiendo privilegios, estamos pidiendo igualdad de condiciones. Queremos que quienes venden en Colombia cumplan las mismas obligaciones que cumplen las empresas colombianas», dice Criado.

La propuesta técnica está sobre la mesa: IVA más un arancel mínimo del 40% —permitido por la OMC— a todas las importaciones de plataformas digitales, sin importar el valor del paquete. No es proteccionismo. Es lo que ya hacen países que se toman en serio su industria.

Esta semana, mientras San Victorino pegaba carteles, México reportó que un decreto para frenar la importación temporal de prendas terminadas logró que la entrada de productos en condiciones desleales se desplomara un 68%. México decidió. Colombia sigue en reuniones.

Mientras tanto, en San Victorino

Los industriales de la zona identificaron tres ejes de supervivencia: defensa comercial frente al e-commerce asiático, recuperación del control territorial y flexibilidad crediticia para los talleres que quieran tecnificarse.

Tecnificarse. Con qué capital, si las ventas cayeron entre 20% y 40% en el último año. Con qué tiempo, si cada semana llegan más cajas desde el otro lado del mundo.

Los carteles del miércoles no son una campaña de marketing. Son la última línea de defensa de una industria que construyó este país hilo por hilo, y que hoy le está pidiendo al país que la mire antes de que no quede nada que mirar.


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